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Por
eso no son los que aman más la vida o el vivir los que toman más
precauciones, quienes se acorazan contra el calor y el frío y los
contagios, quienes no se juegan jamás íntegros a una apuesta.
Más ama la vida el desnudo que se entusiasma con la velocidad o
el riesgo, ni siquiera imprescindibles, sino provocados como si todo fuese
un entretenimiento del que hubiera que sacar el más jugoso y excitante
partido. Más ama la vida el que tapona sus oídos y cierra
sus ojos a las bruscas y estridentes llamadas agoreras, y se propone alcanzar
una meta infinita, coloreada y armoniosa. Porque hay hombres convencidos
de que la fortuna ayuda a los audaces, y la fortuna no es otra cosa que
la vida. Los pusilánimes, con la cabeza atiborrada de miedos, mueren
antes y más solos, sin que el vértigo o el pánico
les hayan dejado asomarse a las anchas ventanas del calor y de la fragancia,
más intensas cuanto más breves son. Por mucha parsimonia
y mucha prudencia con que se administren las oportunidades de la vida,
nadie alargará la suya ni una hora. Sobre el reducido mapa que
nos representa ya hay una roja cruz que señala el lugar y la fecha.
Al cobarde lo acompañará hasta el fin escrito, su pavor
nada más; al hipocondríaco, las amenazas falsas o reales
no le consentirán desplegarse, ni fortalecerse, ni medrar; al valetudinario,
acongojado en su rincón, solo se le concede el dudoso privilegio
de morir viéndose hacerlo. (Antonio Gala) |
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giltato@hotmail.com (c) 2004 - J.Gil Las curvas de la carretera me invitan a viajar... Hay tanto por recorrer; tanto por conocer.. |