Por eso no son los que aman más la vida o el vivir los que toman más precauciones, quienes se acorazan contra el calor y el frío y los contagios, quienes no se juegan jamás íntegros a una apuesta. Más ama la vida el desnudo que se entusiasma con la velocidad o el riesgo, ni siquiera imprescindibles, sino provocados como si todo fuese un entretenimiento del que hubiera que sacar el más jugoso y excitante partido. Más ama la vida el que tapona sus oídos y cierra sus ojos a las bruscas y estridentes llamadas agoreras, y se propone alcanzar una meta infinita, coloreada y armoniosa. Porque hay hombres convencidos de que la fortuna ayuda a los audaces, y la fortuna no es otra cosa que la vida. Los pusilánimes, con la cabeza atiborrada de miedos, mueren antes y más solos, sin que el vértigo o el pánico les hayan dejado asomarse a las anchas ventanas del calor y de la fragancia, más intensas cuanto más breves son. Por mucha parsimonia y mucha prudencia con que se administren las oportunidades de la vida, nadie alargará la suya ni una hora. Sobre el reducido mapa que nos representa ya hay una roja cruz que señala el lugar y la fecha. Al cobarde lo acompañará hasta el fin escrito, su pavor nada más; al hipocondríaco, las amenazas falsas o reales no le consentirán desplegarse, ni fortalecerse, ni medrar; al valetudinario, acongojado en su rincón, solo se le concede el dudoso privilegio de morir viéndose hacerlo. (Antonio Gala)

 

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Las curvas de la carretera me invitan a viajar... Hay tanto por recorrer; tanto por conocer..